El pasado 7 de febrero, en cosa de 140 caracteres, Pulp, otra de las bandas desempolvadas de fin de siglo hizo realidad el sueño de muchos mexicanos; tantos como para llenar el Palacio de los Deportes. “The truth will out. Pulp’s first time in Mexico City…” se leía en su cuenta oficial de twitter; la banda de Sheffield se presentaría este 23 de abril en el Domo de Cobre.

Es probable que la conmoción tras la noticia del reencuentro se deba sobre todo a los recuerdos que guarda la gente de ver a Pulp en vivo, y aunque será la primera vez que se baile “Disco 2000” en México, basta ver algún video en vivo para darse cuenta de las cualidades histriónicas de Jarvis Cocker, que conjugan a su vez el desenvolvimiento de toda la banda con un derroche calórico que es retribuido igualmente por su público.

El Britpop fue el responsable de avivar el drama del “realismo de fregadero de cocina”. Dentro de ese movimiento, Pulp se hizo destacar gracias a un estilo propio. Uno de los atributos de los cronistas de este género era su sentido del humor, a veces sardónico, a veces cínico, pero siempre sin el menor atisbo de vergüenza; y Jarvis supo traducir historias, algunas propias, en canciones que se hicieron himnos. La personalidad de Jarvis era por sí sola hilarante y su actitud retadora le hizo pasar una noche en la cárcel después de invadir el escenario de los Brit Awards del 96 en plena actuación de Michael Jackson.

Hace años, cuando las tabacaleras todavía organizaban festivales en el país, vi a Jarvis presentando su primer disco como solista. Fue el año en que se presentaban M.I.A. y los Beasty Boys como actos principales, pero fue Jarvis el que me dejó perplejo por la presencia que imponía en vivo y la soltura con la que interpelaba al público. “Perplejo” es el eufemismo que uso siempre en vez de “apendejado”, y es que el inglés aquél tenía un carisma que no había visto antes, bajándose del escenario a saludar de mano a la gente. Recuerdo haberlo visto con Lili, amiga mía y “perpleja” suscrita, y recuerdo también esta sensación de saber que en esa época ya casi no había muchos artistas con ese magnetismo en vivo. Lili pudo ver a Pulp por primera vez en el festival Wireless en Hyde Park el año pasado y cuando le pedí que me describiera lo que para ella fue ese momento se deshizo en elogios.

Comprendí entonces a través de sus palabras, la diferencia de lo que es Pulp para Inglaterra y lo que es pa’l resto de nosotros. Pulp es para los ingleses, según ella, no sólo una banda de gran calidad musical, sino también una banda que cualquier persona en cualquier momento disfruta, en el antro por ejemplo; el equivalente a cosas que no admitiríamos ni estando borrachísimos, que escuchamos cuando estamos borrachos. Aún así las historias de Jarvis, lo sabe bien él mismo, se reflejan en todos nosotros. Pulp fue criticado alguna vez por quienes creían que sus letras exhortaban a los jóvenes a consumir drogas y a abandonarse al libertinaje vario, pero estos detractores ignoraban la realidad cotidiana por la que no había que pedir perdón.

Gracias a ese desenfado, bandas como Pulp resucitan hoy en día para hacernos volver a vivir a nosotros mismos. En pocos meses, y aunque sea por una noche, podremos finalmente festejar ser gente común y corriente.

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