“Me enamoré de la música mexicana”, dice un mariachero colombiano

Por: Alejandra Pedroza Marchena

Edgar Iván sabe hacia dónde debe voltear el sombrero de charro que usa en las noches para trabajar. Los sombreros, como las tortillas, tienen un derecho y un revés. Edgar no sabe mucho de tortillas, en su casa no se acostumbran, pero “ay de aquel” que le pregunte por la música tradicional mexicana.

Se alista: abrocha uno a uno los botones dorados de su pantalón, se acomoda un moño al cuello con los colores patrios mexicanos y se acomoda el saco en su espalda ancha, luce un traje de charro en un cuerpo de charro, de charro colombiano.

Sale en las noches a tocar la vihuela con el Mariachi que trabaja, antes practicó un par de horas el instrumento, horas antes hizo un rato de gimnasio y en la mañana asistió a la universidad donde estudia electromecánica, así pasa su día a día, en una rutina silenciada con música de Mariachi, en Bucaramanga, Colombia.

“Esto nunca lo voy a dejar”. Edgar está seguro de rasgar hasta la tumba las cuerdas de la vihuela, como lo hizo casi desde que nació, hace 18 años. Sus padres se mueven en la escena de las artes y la música, a él no le quedó remedio que crecer en el ambiente, destino que más que mortificarle, le emociona: “Me enamoré de la música mexicana”, dice el joven de ceño protector, tratando de que sus ojos gustosos por lo mexicano no se desanimen con el sol del centro tapatío, que cala en el desfile del XI Encuentro Internacional del Mariachi y la Charrería.

Pero Edgar insiste en que eso de salir en las noches a tocar música de Mariachi no es un trabajo, es la mejor forma de desahogo y expresión que encontró, por puro gusto lo hace; el mismo placer por la música que lo lleva a afirmar decidido: “El Son de la Negra es un himno”.

En Bucaramanga contratan al Mariachi en que trabaja Edgar para ambientar eventos, la mayoría fiestas, similar a la usanza mexicana. Guitarras, violines, trompetas, guitarrones, vihuelas, son los instrumentos de un Mariachi colombiano, también similar a la usanza mexicana; aunque la obediencia se rompe con el atrevimiento de meterle acordeón. En México los Mariachis conservadores no usan acordeón, lo más tradicionales, ni siquiera meten trompeta.

El joven mariachero cuenta, con su acento colombiano, que el acordeón es necesario para algunas canciones mexicanas que, sin límites de géneros musicales, allá les piden tocar a los grupos representativos de la música mexicana, los Mariachis; Edgar también se sabe en la vihuela canciones de Los Tigres del Norte.

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